La conversación pública sobre la inteligencia artificial suele oscilar entre el entusiasmo por la innovación que supone y el temor a la destrucción de empleo. Sin embargo, en los últimos meses, este debate ha dejado de ser teórico: los despidos masivos en grandes tecnológicas como Amazon, Microsoft o Meta han puesto cifras reales a una tendencia que ya no puede ignorarse.
La IA no solo está transformando procesos; está reconfigurando el mercado laboral a una velocidad que supera la capacidad de adaptación de empresas, trabajadores y gobiernos.
Amazon es el ejemplo más evidente de esta contradicción. Mientras la compañía reportaba ingresos de 180.200 millones de dólares en el tercer trimestre de 2025, un aumento del 13% interanual, anunciaba simultáneamente la mayor reducción de personal de su historia. Según diversas fuentes, la empresa ha confirmado la eliminación de hasta 14.000 puestos corporativos, justificándolo como parte de una “reestructuración estratégica impulsada por la inteligencia artificial”.
Esta paradoja —crecimiento económico acompañado de despidos masivos— revela que la IA no está siendo utilizada únicamente para mejorar procesos, sino también para reducir costes laborales en áreas donde los algoritmos ya pueden sustituir tareas humanas.
Los recortes no se concentran en trabajos manuales o repetitivos, como se predijo hace años. Hoy, la IA está desplazando tareas de cuello blanco, especialmente en:
Según datos del Instituto Autónomo de Gestión Pública (INAGEP), estas áreas han sido las más afectadas por la automatización en Amazon, donde los modelos de IA generativa y predictiva están reemplazando funciones antes realizadas por equipos humanos.
Los despidos en Amazon forman parte de una ola más amplia. En 2025, empresas como Microsoft, Meta y CrowdStrike también anunciaron recortes significativos vinculados a la automatización y a la integración de IA generativa en sus operaciones.
La narrativa empresarial es similar: “optimización”, “eficiencia”, “reducción de burocracia”. Pero detrás de estos eufemismos se esconde una realidad más cruda: la IA está permitiendo a las compañías hacer más con menos personas.
La respuesta corta es sí. La IA no es una moda pasajera ni una herramienta más: es un nuevo paradigma productivo. Y como ocurrió con la revolución industrial o la digitalización, habrá ganadores y perdedores.
Pero a diferencia de transformaciones anteriores, esta vez el cambio es más rápido y afecta a sectores tradicionalmente considerados “seguros”. La automatización ya no se limita a tareas mecánicas; ahora invade ámbitos creativos, analíticos y estratégicos.
El problema no es la IA en sí, sino cómo se está implementando:
Si la automatización continúa guiada únicamente por criterios de rentabilidad, el resultado será un mercado laboral más precario, polarizado y desigual.
Para evitar que la IA se convierta en una herramienta de exclusión, es necesario:
La inteligencia artificial puede mejorar la productividad, liberar tiempo y abrir nuevas oportunidades. Pero también puede ser utilizada como coartada para justificar despidos masivos, incluso en empresas con beneficios récord.
El reto no es detener la IA, sino gobernarla. Y eso exige responsabilidad empresarial, regulación pública y una sociedad civil informada y vigilante.
Porque el futuro del empleo no puede quedar en manos de algoritmos… ni de balances trimestrales.