El Mundial de Fútbol que se está celebrando en México, Estados Unidos y Canadá supone un enorme empuje para las economías nacionales de los países que lo acogen, pero también supone un impulso silencioso hacia el consumismo familiar para millones de hogares. La Copa del Mundo es, ante todo, un fenómeno social que reúne familias, llena salones y activa emociones que, inevitablemente, se traducen en decisiones de compra movidas más por la emocionalidad del momento.
En el fragor de la contienda mundialista, los aficionados de cada equipo se dejan llevar por el entusiasmo y convierte cada partido en un pequeño motor económico dentro de cada hogar que lleva a disparar las compras que en otro momento podrían aparcarse:
Durante el torneo, cadenas como MediaMarkt prevén un incremento del 18% en la venta de televisores, mientras que FNAC reporta subidas de hasta 30%, especialmente en pantallas de más de 75 pulgadas y modelos Mini‑LED u OLED.
Tanto es así que la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (ANGED) señala que el Mundial se ha convertido en un “activador de la renovación de teles en los hogares”. El cambio de televisión, que se tenía como algo pendiente, se realiza precisamente, con motivo de la celebración del mundial.
En cualquier caso, el consumo estrella de una jornada de fútbol televisado es la comida y la bebida. En España, el consumo durante los partidos aumenta un 16% en refrescos, 14% en fiambres y embutidos y 10% en platos preparados, según datos de Worldpanel by Numerator. Tomarse algo y picar durante el partido es la forma socialmente establecida de disfrutar del fútbol.
Son pocos los agraciados que pueden desplazarse hasta los países anfitriones a asistir en vivo a alguno de los partidos de su selección. Lo más habitual en estos casos es disfrutar del Mundial desde el salón de casa o, en todo caso, desde el local habitual en el que nos reunimos con los amigos. Según datos de la marca de electrodomésticos Hisense el 69% de los españoles sigue el torneo desde casa y cerca del 90% utiliza una Smart TV.
Por lo tanto, estos datos muestran un patrón claro, y es que el Mundial impulsa un consumo emocional, inmediato y concentrado en bienes duraderos (tecnología) y en gasto recurrente (alimentación, ocio).
Cuando la pasión influye en la economía familiar
La psicología del aficionado es un factor económico. La emoción del torneo, las reuniones con amigos y la presión social por “vivir la experiencia” generan un entorno propicio para compras impulsivas. Por esto es importante tener una cierta planificación y financiar de manera adecuada estas compras.
El Mundial dura 90 minutos por partido, pero una financiación mal planificada puede durar meses. Por eso, es clave tener en cuenta las siguientes recomendaciones:
Un fenómeno global con impacto local
Según las estimaciones elaboradas por distintos organismos, el Mundial 2026 se puede convertir en el mayor evento deportivo de la historia, con un impacto económico global estimado en 41.000 millones de dólares y más de 800.000 empleos generados, según Bank of America.
Pero más allá de las cifras macro, su verdadero impacto está en los hogares: en cómo se consume, cómo se convive y cómo se financian esos momentos compartidos.
El Mundial es emoción, comunidad y espectáculo. Pero también es un periodo de consumo intenso que exige equilibrio y un adecuado proceso de financiación bien planificado para conseguir que cada hogar viva el torneo sin comprometer su estabilidad económica.
Porque la verdadera victoria, más allá del marcador, es disfrutar del Mundial. Y si las compras se financian de forma adecuada, vamos a poder disfrutar tranquilamente y sólo queda celebrar los goles de nuestro equipo. ¡Vamos España!